viernes, 2 de octubre de 2009

¿Cuánto queda papá?

Esta famosa frase pronunciada por miles de niños españoles todos los veranos camino de Torrevieja podríamos adjudicársela también a cualquier piloto de la parrilla un domingo cualquiera después de decenas de vueltas de carrera.

Y podríamos pensar de igual forma si, como ellos, nos pasásemos horas literalmente encajados en ese pequeño zulo, sufriendo fuerzas 3G y 4G o temperaturas de hasta 45º, ruidos por encima de 130dB (el umbral del dolor está en 125dB) masticando residuos de freno y respirando un indescriptible tufillo a gasolina mezclada con aceite...

El cockpit, ese pequeño zulo...

Decía David Coulthard que ser piloto de F1 "era una profesión realmente incómoda. No puedo pensar en ningún otro deporte que se pueda comparar en este aspecto con la F1". Obviando lo que podrían pensar cualquiera de nuestros lectores con trabajos bastante más duros y, sobretodo, peor pagados, hay que reconocer que la vida en el "cock-pit" no debe ser demasiado confortable. Dicen que, después de un GP, cabeza, piernas, rodillas... cualquier cosa que se te ocurra, te duele.

Cockpit de los años 70. No escatimaban en cinta americana...

Nigel Mansell, en su debut con Lotus en el GP de Austria de 1980, corrió durante 40 vueltas bañado en gasolina que se había derramado previamente y que chorreaba literalmente por su espalda. Cuando llegó al hospital tras finalizar el GP tuvieron que punzar y vendar las ampollas que poblaban su espalda. Años más tarde, en 1995, tuvo serios problemas para introducir sus notables caderas en el chasis de su McLaren.

Otros, como James Hunt, recortaban sus botines de piloto para poder presionar los pedales cómodamente.

Los pilotos de la temporada 88 del equipo March, Capelli y Gugelmin, sufrían de lo lindo al cambiar de marcha en su March 881 ya que sus manos golpeaban con el chasis monocasco. No sin refunfuñar, Adrian Newey, diseñador por aquel entonces del equipo, tuvo que idear una especie de burbuja para que no se dejaran los nudillos durante cada carrera... También en esa época los pilotos tenían que luchar contra brillantes ideas como la del ingeniero que dispuso en el habitáculo el botón de la radio junto con el de parada del motor...

Sin embargo, ahora son otros tiempos. Los equipos diseñan los asientos totalmente personalizados para los pilotos, incluso teniendo en cuenta que no todos tenemos las dos piernas ni los dos brazos iguales...

Mark Webber sufría bastante para introducir sus 184cm en el chasis de sus monoplazas. Sus rodillas se apretaban contra la estructura del coche, lo que casi le impedía conducir. Pero ahora los equipos, como decíamos, diseñan el asiento y habitáculo teniendo en cuenta sus dimensiones. Los materiales usados (los modernos polímeros o fibra de carbono) también ayudan. Incluso, como cuando corría para Jaguar, en ocasiones tienen un equipo de ergonomistas a su disposición para hacerles la vida aún más cómoda...

3 comentarios:

Torpeman dijo...

Bueno, bueno, bueno. Quien te ha visto y quien te ve. Por fin te animas a escribir y metes dos textos en dos días. Bravo! Las buenas cosas no se pueden echar a perder.

Al lío. Impresionante labor de investigación sobre los grandes premios de Japon, enhorabuena! La historia sobre los cockpits algo más floja, quizás por ser más conocida. En cualquier caso, animo y bienvenido de nuevo al mundo del blog!!!

Orroe dijo...

A esto lo llamo yo sorpresón XDDD

Escribo en esta entrada, pero «chapeau» por los dos regalos ue nos has brindado ;)

Se te echaba de menos ;)

Un abrazote

Jose

J. ARCE dijo...

Yo me imagino a Nigell Mansell despertándose hoy día cualquier mañana con niebla en su campo de golf y lo que me imagino es a un tío dolorido sin poder casi moverse. En USA tuvo un accidente en el que le quedó un boquete en la espalda que parece ser que le entraba un puño. Manselll siempre fue un pelín exagerado pero aun así en su autobiografía te da una idea de lo que sufren estos cabrones.